martes, 29 de septiembre de 2015

Famosa escritora acribilló a su amante en el aristocrático Hotel Crillón


María Carolina Geel, conocida escritora chilena, es el seudónimo utilizado por Georgina Silva Jiménez. Durante su época fue catalogada como una mujer controversial, tanto por su literatura, como por ser la protagonista de uno de los crímenes pasionales más conocido de la época.
En abril de 1955, la historia de Geel llenaba todos los periódicos nacionales, debido a que asesino a su amante, Roberto Pumarino, en el Hotel Crillón; fue un impacto enorme para la sociedad santiaguina. Fue condenada por este hecho a tres años de cárcel, escribió allí una de sus más exitosas novelas Cárcel de mujeres.

 Causando una gran impresión, esta novela abrió paso a una literatura oscura que se asemejaba tanto a la testimonial como a la de la ficción, afianzando la realidad de las mujeres encarceladas. 



Camila H. Castro - Sofía A. Sepúlveda

viernes, 11 de septiembre de 2015

La disociación de Bolaño, entre la poesía y la narrativa

La obra de Bolaño, Los detectives salvajes, es considerada como un elogio y una parodia de las vanguardias latinoamericanas, debido a que se presenta una discusión constante. La discusión se basa en que Bolaño no acata los diversos esquemas de las vanguardias históricas, sino que se adueña de todo tipo de recursos –los posvanguardistas en especial-. Esto se puede validar a raíz de que el autor celebra la poesía mediante una novela, incluso es que expresa en 2666 “Toda la poesía, en cualquiera de sus múltiples disciplinas, estaba contenida, o podía estar contenida, en una novela”. El cuestionamiento que se plantea el autor del artículo, Rafael Lemus, es ¿por qué Bolaño no siguió escribiendo poemas en vez de novelas?

 La respuesta que plantea Lemus es que ya no puede escribirse poesía, pues el interés de los nuevos lectores se encuentra en la narrativa, en los diversos tipos de novelas; en Los detectives salvajes, sus personajes aseguran ser poetas, pero a lo largo de la obra no escriben ningún poema. En Los desiertos de Sonora ellos conocen muchos aspectos teóricos de la poesía, como qué es el verso libre o qué es una epanalepsis, los personajes conocen algunos términos y son capaces de entregar una definición, pero eso no los hace poetas.



Camila H. Castro - Sofía A. Sepúlveda

viernes, 21 de agosto de 2015

La construcción de "la loca" en dos novelas chilenas



Este artículo intenta mostrar cómo se construye la identidad sexual y social del personaje “la loca” en dos novelas chilenas, El lugar sin límites de José Donoso y Tengo miedo torero de Pedro Lemebel. De este modo se establece un diálogo entre ambas novelas, centrado en los distintos efectos que tiene el vestido y el nombre como actos performativos tanto en el devenir de los(as) protagonistas como en las diferencias entre el deseo homoerótico sometido a los espacios y límites impuestos por la norma hegemónica, y ese mismo deseo que se niega a la exclusión y el rechazo. 

Para ello se han utilizado los

aportes de la teoría queer: 

--> Kosofsky Sedgwick (1998), 

--> Eribon (2001, 2004), 

-->Bersani (1998), 

-->Foucault (1990, 2001), 

--> Butler (2005, 2006)








Fuente: http://www.scielo.cl/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0717-68482011000100006






Sofía Sepúlveda - Camila Castro

Pedro Lemebel: El corazón rabioso del hombre loca



En la Plaza de Armas de Santiago, en el corazón del centro, a media tarde, haciendo calle y buscando que alguna mirada ajena se quede en la propia, todos son jóvenes, todos son niñas. La loca joven, la loca pobre, el taxi boy y la loca entrada en años que camina como si algo que no son sus pies la deslizara sobre el suelo. Pedro Lemebel asegura que incluso la locas viejas, “esas que pasean al perrito” y que en España llaman carrozas, –“¿por qué aquí no tendrán un nombre?” – nunca dejan de serlo. Y suelta la risa y dice “sí es verdad, hasta esas locas viejas se tratan de niñas entre ellas”. 



Para Lemebel todas y todos son finalmente niñas. Eternamente niñas. “Las locas siempre son jóvenes. Hay algo de bonito en eso, y es que pueden tener 80 años y allí están con zapatos blancos en la Plaza de Armas a la pesca de algún gigoló de poca monta”.Alguno moreno, enjuto, de mirada torva, escolaridad incompleta, vocación hip hopera. Ignorante pero joven. Incluso Lemebel, que a veces se trata a sí mismo de vieja y de calva, se reconcilia rápido invocando al adolescente perpetuo que debe tener dentro.


El escritor chileno, narrador, autor de los libros de crónicas La Esquina es mi CorazónZanjón de la AguadaLoco Afán y de la novela Tengo Miedo Torero saca del closet de su escritorio el álbum de fotografías que testimonian un pasado con más pelo, cuando no usaba en la cabeza ese pañuelo que ahora es como una insignia. Lemebel se mudó hace poco. Su nueva casa está en un cuarto piso, un departamento amplio en el sector más codiciado del centro de Santiago. Una esquina frente al Parque Forestal, a metros del Museo de Bellas Artes y a diez minutos de caminata de la Plaza de Armas. Está en medio de lo que él llama gay town, y que, siguiendo en esa línea anglo, uno podría calificar de barrio trendy. Se mudó aquí en octubre, cuando decidió frenar la intensidad alcohólica en la que vivía desde la muerte de su madre.
“En este departamento no he hecho fiestas, poca gente lo conoce”, dice.






Hay un Pedro enojado, un Pedro amable y otro agresivo. Un Pedro confiado y otro suspicaz. Todos escurridizos, inasibles, que complican y aplazan las entrevistas, hablan sin hacer caso a las preguntas, escudriñan terceras intenciones y, sólo a veces, bajan la guardia. “No te asustes, mi estética es la sospecha”, dice para poner paños fríos a los efectos de su desconfianza. Entre cada uno de los Pedros hay muy pocas horas de transición. A veces, ni siquiera hay transición.
“Me cuesta identificarme con esos personajes que he sido. Decir que esa loca de camisa a cuadrillé y cara de inocente era yo. Evidentemente me puedo mirar con cierta piedad. Me cuesta armar el personaje de ahora con esos restos de memoria que tengo esparcidos en el ayer”



En esos años su sueño era llegar al centro de Santiago. El centro era la oportunidad de “triunfar y olvidar el percal, como dice el tango; me gustaba el límite misterioso y lujurioso del centro”. Pero ni en el barrio ni en el block ni en su casa creían posible que Pedro pudiera ir a la universidad ya que, a principios de los 70, la tasa de la población chilena que llegaba a cursar estudios superiores no llegaba al ocho por ciento. Si en las universidades los pobres eran una rareza, en las estadísticas generales eran mayoría, y esa mayoría no se educaba más allá de la enseñanza media. Para los padres de Pedro ya había sido una enorme conquista tener un lugar sólido y digno donde vivir.

Extraído de: http://ciperchile.cl/2015/01/23/pedro-lemebel-el-corazon-rabioso-del-hombre-loca/

Camila H. Castro - Sofía A. Sepúlveda

jueves, 20 de agosto de 2015

Las locas





"Las cosas nunca pasan porque sí"
"No seré la primera ni la última persona a la que le pase"


- Camila H. Castro Salgado.                                                         

"No importa lo que digan de mí...total, soy peor 
de lo que dicen"



- Sofía A. Sepúlveda Norambuena.







"Dos jóvenes y alocadas, en busca del camino que lleva a la felicidad..."